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El hombre Sabio y la Ancianidad
“Cierto buscador de verdad irrumpió en la casa en que se le había dicho que moraba el sabio. Aferró la mano de la figura sentada en una alfombrilla de oraciones y le suplicó que lo aconsejara. Te diré tres cosas- dijo el hombre. primero, estás demasiado excitado para comprender algo. Segundo, estás pisándome. tercero, soy un servidor...el sabio vive al lado.”

Sólo envejece como es debido quien acepta interiormente el envejecimiento.

Quien no tiene el espíritu de su edad, tiene todos sus defectos.

La persona madura sabe como precaverse mejor contra las desgracias, en la juventud sólo soportarla.

La edad madura tiene la serenidad del que, rompiendo las cadenas que llevó durante mucho tiempo, disfruta en lo sucesivo de la libertad de sus movimientos.

Especialmente importante, es la superación de la envidia contra los más jóvenes, del resentimiento contra lo históricamente nuevo, de la alegría ante el mal por los defectos y fracasos de lo actual. Entonces, sólo así, surge la imagen vital del hombre viejo, expresada por su valor, la del hombre Sabio.

El adulto mayor sabio, es el que sabe del final y lo acepta. Muestra disposición sincera a lo que tiene que suceder. Supera la angustia, tiene el afan de Paladear, de darse prisa con el residuo que todavía se puede vivir. En la figura de Sócrates antes de morir se ejemplifica lo anteriormente expuesto.

Comienza a distinguir lo Auténtico de lo Inauténtico.

Aprecia que su sabiduría es algo diferente de la inteligencia . Es la luz sobre la vida.

A pesar de su dependencia, en ciertas ocasiones, de los demás, tiene en claro que seguirá con la tarea de su vida.

A pesar de la amenaza constante, su experiencia y distancia de la vida le enseñan a comprender a los demás, y a concederles su valor.

Rescata como importante el Humor pero si en cambio opta por la terquedad, la crítica es su actitud, puede llegar a desesperar a quienes lo rodean.

En épocas primitivas, se los consideraba un peligro, se los asesinaba. Hoy...

Es el que entiende lo que es realmente la vida, en general, su fragilidad, su soledad, pero también es el que sabe a ciencia cierta, que existe solidaridad entre los hombres.

Es el que participa en la resolución de su problema vital.

Sabe que no sólo tiene que exigir de los demás, sino que también tiene que actuar por sí mismo, en la medida de sus posibilidades.

 Hay diferentes ancianos, los astutos, que no son sabios, sino en cambio, aquellos que manejan la vida ajena...

Otros son una bendición, un Regalo de la vida. Mi Abuela. Quizás vuestros familiares...

Un remanso, para no dejarnos vencer. Reconociendo que ellos, han trabajado toda una vida, han amado, han sufrido, en su rostro estan las huellas, en sus manos y su actitud.

Aprender de la vida que es preferible perdonar y no tener siempre la razón.

Tener paciencia antes que violentarnos ante lo irremediable.

Reconocer que las profundidades de la vida están en el silencio y no en el bullicio sin sentido.

Es sabio aquel anciano que acepta su vida, en su fase de descenso.

Es aquel tal vez, que tuvo presente, en su juventud, que también llegaría a la vejez.

Obviamente, quien no lo acepta sufre hasta el fin de sus días.

Aristóteles ( S.IVac.) señalaba que el contacto con un anciano sabio contribuye a armonizar las virtudes. Modelando las conductas, ayudando a comprender circunstancias irremediables.

El corazón del hombre puede endurecerse, puede hacerse inhumano, pero nunca dejar de ser humano. Ningún conocimiento nos ayuda si hemos perdido la capacidad de conmovernos con la desgracia ajena, conla mirada amistosa de otra persona, con el canto de un pájaro, con el verdor del césped. Entonces, si no hay esperanzas, su corazón se habrá endurecido y su vida habrá terminado

“La gente cree que un sabio debería hacer milagros y manifestar iluminación.Pero, el único requisito de un sabio es que debe poseer todo lo que necesitamos. Su prudencia.Su humildad. su tolerancia. Su ubicación. Su consejo de via quenos oriente a distinguir los menesteres realemente importantes de los no importantes. “

Aquellos que tenemos abuelos damos gracias, pero también hay que tener presente, que necesitan de nuestra caridad en lo que a la compañía se refiere. Y también nosotros el día de mañana vamos a envejecer y también sentiremos lo mismo.

La Sabiduría puede definirse como: la capacidad innata o adquirida para guiar bien la vida y hacerla felíz. El arte de conducir la vida, la prudencia Si bien puede ser innata en el hombre, crece con la experiencia personal ( consejos de padres a hijos). Los conocimientos no bastan , tiene que tener la capacidad de comprender, escuchar hablar. Es un Arte de vivir con.No debe identificarse con cultura o erudición, las cuales pueden ser adquiridas en cursos o libros.Es un discernimiento crítico, la capacidad de percibir la realidad y las situaciones a tal profundidad que lleva a la persona a darle a su vida una orientación.

La vida es un gran problema que se manifiesta en pequeños e incontables problemas.Vivir es enfrentar y resolver esos conflictos. Sólo se adquiere la sabiduría mediante tentativas y experiencias.

¿ Qué es la Sabiduría de la vida ?.

El sabor de la vida capitalizado. en consejos. que se van a relacionar con todo lo que experimentamos como el amor, el temor, la alegría.

Siempre orientado hacia el bien.En el anciano sabio, la caracterizamos a través de virtudes como la Tolerancia, la Humildad,la Moderación. La Ubicación, y el respeto por el tiempo de los jóvenes.

El estilo de integridad desarrollado por su cultura o su civilización se convierte así en el “patrimonio de su alma”, el sello de su paternidad moral. El Honor.

Para convertirse en un verdadero caballero , un indio sabio, un campesino maduro comparten y reconocen unos en otros la etapa final de la integridad.

Los niños sanos no temerán a la vida si sus mayores tienen la integridad necesaria como para no temer a la muerte.

 Bibliografía Consultada:

Fromm, E: El corazón del Hombre. Bs.As. Fondo de Cultura Económica. 1992.

Guardini, R: Las Edades de la Vida. Madrid. Cristiandad. 1977.

Schopenhauer, A. Arte del Buen Vivir. Bs.As.Edaf. 2001.

 

 

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